De vuelta.

Aún tengo tus letras metidas entre mis ojos. A veces, con el parpadeo mecánico, se me llenan de recuerdos las pestañas, y tus luces acuosas aparecen frente a mi como eternos pendientes y espacios sin llenar.

Los sonidos, los gritos, los murmullos; se apoderan de cada esquina polvorienta de mi mente, y entre apuestas y películas posmodernas, tu imagen de hace visible, negándose a convertirse en un recuerdo borroso.

Tu respiración se sincroniza entonces con la mía, y tomamos juntos el tren para desaparecer por un rato, escondiéndonos y tocando las paredes blancas con los dedos.

Las manos bailan sobre la piel al ritmo de una canción cualquiera, y al tocar tu pelo, los fantasmas se unen a nuestra danza terca y sin motivos.

Exhalo tu memoria. Sales de mi cuerpo, no sé por cuánto esta vez.

Más distante, tu cara se hace difusa con la niebla del tiempo.

 

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