Dominguicidio

“Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca. Y en lugar de sonrisa una especie de mueca.”

Y mientras tanto, veo pasar el día, con mis ojos en la pantalla.

Vos estás allá. En la lejanía. A cientos de miles de kilómetros de distancia.

Y yo aquí. Sin mí. Sin nadie.

 

Mi piel grita tu nombre en los domingos estúpidos de esta estúpida ciudad. Me quedo lentamente sin mis facultades mientras mi alma se va secando al mismo ritmo.

Me quedo sin nada. Me vacío.

 

Soy el vacío.

 

Ya no se que soy. Ya no se que tengo, ni sé que quiero.

Solo se que cada uno de mis poros te aclaman, te veneran, te dan una ovación al cruzar cadenciosa por mis neuronas. Y mientras tanto yo, vacía, trato de llenarme de vos. Trato de que tu recuerdo me baste para meterlo en algunos rincones y achicar la vaciedad.

 

El hueco de mi cabeza lo lleno con palabras que alguna vez salieron de la tuya, y las abejas asesinas enloquecidas buscan un sitio donde descansar.

 

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