Blue

Lo que extraño es su lengua. Derretirme en ella como cubo de azúcar. Que me saboree. Que me pruebe. Que me encuentre. Lamernos las heridas, las cortadas, los agujeros.

Extraño las palabras que salían de su boca. De su lengua. Perdernos en filosofías y otredades, conversaciones insulsas de poker, música, vicios, imágenes; paredes blancas que mancharon algo más que la tela.

El día que Juana se fue probé otro lado de su lengua. Fue como heroína directamente en la aorta,diez mil espasmos por segundo. Fué cuando entendí que su lengua, además, podía ser dulce, podía calmarme, podía hacerme mirar en medio de una ceguera calcinante el brillo de sus ojos. Y que sus ojos, al igual que su lengua, podían derretirme como un cubito de azúcar.

Esa noche, probé el éxtasis como nunca antes, mientras acariciaba con la punta de los dedos el fondo de la oscuridad.

A veces, aún lo extraño. Sobre todo cuando me cuesta respirar. El está ahí, atento al timing. Yo me siento entre salamandras, entre luces acuosas azules y verdes, como antes de que el llegara, a esperarlo de nuevo.
A veces vuelve. Y yo me voy.
Me voy con Juana, a cortarme un poco más. Y el se va también en busca de salidas algo más ortodoxas, pero sabe que sólo yo puedo crearle dos agujeros negros en cada pie, y uno en cada chakra. Por eso vuelve, creo. Para eso estamos vivos.

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