Hoy me levanté y era un tren. Pero, era un tren muy viejo y muy feo, me faltaba aceite y además me había descarrilado. Me dió susto.
Porque yo iba por  ahi rodando sin ton ni son, y pues, una así sea un tren también tiene su corazoncito.

Y yo, pensé ” Qué horror, que dirán mis amistades, que soy una descocada, andando por ahi fuera de los rieles, como si me hubiera enloquecido o algo”

Entonces paré y me acosté en un pradito, a ver las nubes y a tomar el sol. Y luego mire bien, y ya no era un tren, era una vaquita de san antonio.

Y me fui a tomar el té tan campante.

 

Yo era una Nube

Y sobre su almohada, pedacitos de sueños quedaron esparcidos. Y sus afiladas puntas cortaron la delicada tela, y de los agujeros salieron flotando pequeños pedacitos de nube. Flotaron de aquí para allá, cubriendo su cabeza y envolviéndola en sus brazos de agua.

Y luego, los pedacitos de nube, y los pedacitos de sueños inundaron la habitación. Y entonces, tomo entre sus manos el último pedacito de corazón que le quedaba, y lo puso delicadamente sobre un pedacito de nube. Y el pedacito de nube, salió flotando por la ventana, en busca de alguien que tomara ese pedacito de corazón y lo hiciera suyo.